Al igual que los dioses mayores aceptados por todos los hombres, aparecían junto a estas divinidades menores cuyo culto poseía menor extensión. Entre estas divinidades podemos encontrar a los siguientes:
Hestía: o Vesta para los romanos. Es la diosa del hogar, permaneces virgen, protectora de la familia, se identifica con el fuego hogareño.
Hécate: es la diosa de las encrucijadas y los caminos, asociada a la luna y al mundo tenebroso de las sombras y los muertos.
Helios: es el Sol. Su culto está poco extendido solapado por el culto al dios Febo.
Selene: es la Luna. Su persona esa absorbida por el culto a la diosa Artemisa.
Pan: hijo de Hermes, dios de los espacios agrestes, al margen de la civilización. Tiene cuerpo y patas de macho cabrío.
Hades: o Plutón para los romanos. Dios de los infiernos, su reino es el de los muertos, su ámbito subterráneo de las sombras. Considerado como un juez inflexible.
Ilitía: es la diosa del nacimiento, acude en ayuda de las jóvenes parturientas.
También había divinidades menores que se representaban en grupos de mayor o menor extensión: a veces en tríos como las Moiras (o Parcas), las Carites (o Gracias), las Gorgona o las Horas. Las Musas eran 9. Las Linfas son incontables, al igual que los Sátiros, Titanes o Gigantes.
Moiras: son las diosas del nacimiento humano y del destino. La primera es la que hila el hilo de la vida, la segunda hace con él el ovillo y la tercera es la que lo corta inesperadamente cuando quiere.
Gracias: son las diosas de la belleza, del encanto y de la alegría.
Horas: son los genios de la vegetación que correspondían a los tres momentos del desarrollo de las plantas (nacimiento, crecimiento y fructificación).
Musas: son las diosas del canto, de la poesía, las artes y las ciencias.



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